El Palacio de Hierro Polanco presenta»Anáhuac», una escultura monumental de DULK que fusiona biodiversidad y lujo sostenible. Esta colaboración con artesanos de Iztapalapa redefine el arte público contemporáneo en la Ciudad de México.

El lujo contemporáneo ha dejado de ser meramente estético para volverse profundamente simbólico. En este contexto, El Palacio de los Palacios se transforma en el epicentro de la conversación cultural con la presentación de Anáhuac”, una obra monumental del aclamado artista español Antonio Segura Donat, mejor conocido como DULK. Esta pieza no es solo una instalación; es un manifiesto visual sobre la fragilidad de nuestro ecosistema, situado en la fuente principal de la icónica sede de Polanco.

Anáhuac toma su nombre del concepto náhuatl para el “mundo habitable”, estableciendo un puente entre el legado ancestral de México y la urgencia ambiental del presente. La escultura, que alcanza los 12 metros de altura, es el resultado de un diálogo creativo único: el diseño vanguardista de DULK materializado por la maestría de artesanos mexicanos de Iztapalapa (Los Fabricadores). Esta sinergia entre el talento internacional de Valencia y la mano de obra local subraya el compromiso de El Palacio de Hierro con el impulso al arte contemporáneo y el comercio justo.

La obra es una interpretación poética de la biodiversidad mexicana, reuniendo a seis especies en peligro crítico: la tortuga laúd, el ajolote, el jaguar, el guacamayo rojo, la mariposa monarca y la vaquita marina. Cada criatura actúa como un embajador de los ecosistemas del territorio, recordándonos que la belleza y la moda no pueden existir sin un entorno en equilibrio. DULK, reconocido como National Geographic Expert, utiliza su imaginario surrealista para generar una conexión emocional inmediata con el espectador.

Para los entusiastas del estilo de vida Totalmente Palacio, visitar esta escultura es una cita obligada hasta el 22 de febrero de 2026. «Anáhuac» invita a la comunidad urbana a detenerse frente al lujo de la naturaleza, nos recuerda que nuestra responsabilidad colectiva es preservar la riqueza que nos define. Es, sin duda, la pieza central que marca la agenda cultural de este inicio de año en la Ciudad de México.