Durante agosto y septiembre el chile en nogada aparece como un recordatorio de que la cocina mexicana también cuenta historias. Este platillo, profundamente poblano, una leyenda, sabores conventuales y mestizaje en un solo bocado que despierta emociones. Verlo llegar a la mesa es uno de los rituales más esperados del fin de verano.

Su historia de sabores             

Cuenta la leyenda que su creación data de 1821, en el Convento de Santa Mónica de Puebla, donde las monjas agustinas lo elaboraron para recibir a Agustín de Iturbide tras los Tratados de Córdoba. Sus colores verde del chile y el perejil, blanco de la nogada y rojo de la granada, replican la bandera del Ejército Trigarante.

Estudios posteriores revelan, sin embargo, que la receta ya se preparaba desde el siglo XVIII como un complejo platillo barroco de convento, posiblemente concebido como postre, que después se transformó en el platillo que conocemos hoy.

Su sincretismo culinario produce un sabor equilibrado, elegante y profundamente mexicano que sigue siendo uno de los más esperados del año. La cremosidad de la nogada envuelve el relleno de fruta y carne, mientras la granada aporta frescura y un toque de color que enamora a primera vista.

Para compartirlo con los amigos

La Cantina La Ribera, en la colonia Doctores, desde 1940 la cantina ha sido punto de encuentro alrededor de la mesa, la sobremesa prolongada y los sabores más reconocidos de la cocina mexicana. Aquí el chile en nogada se come con calma, en un ambiente familiar y auténtico, acompañado de música de mariachi o trío que completa la experiencia sin invadir la conversación.

Opciones para degustar

Para empezar, la carta propone guacamole con pork belly, quesadillas y gorditas tradicionales, chicharrón en salsa verde que preparan el paladar y conectan con la esencia de la cantina de barrio. Después arribará el chile en nogada con el estilo muy peculiar de La Ribera, que destaca por su nogada ligera pero untuosa salpicado con nueces de Castilla y granada que contrasta delicadamente con el sabor dulce del relleno.

El servicio cálido y la atmósfera relajada invitan a reunirse entre amigas, en pareja o en familia y a quedarse más tiempo del planeado. Así que no lo pienses más, este platillo muy mexicano es la perfecta excusa para disfrutar uno de los sabores más emblemáticos de México en un escenario excepcional: una cantina con historia, ambiente y alma.