Durante el invierno en Japón se realiza el ritual del sake, una bebida que conquista los paladares más exigentes en México. Descubre la artesanía milenaria detrás de su elaboración y por qué las bodegas de Fukushima son el destino foodie imperdible para entender el alma de este elixir.

Cuando el frío abraza los paisajes japoneses, las bodegas inician silenciosamente la temporada de elaboración. El sake es un arte de paciencia; las bajas temperaturas permiten una fermentación lenta y armoniosa que culmina en primavera.

En ciudades como la CDMX y Guadalajara, esta bebida ha pasado de ser un acompañante a ser la protagonista de maridajes sofisticados, despertando una fascinación por su pureza.

La alquimia                                                        

La verdadera magia del sake reside en la tríada de sus ingredientes: arroz pulido a la perfección, agua de manantial y el místico koji. Este último es un hongo esencial que transforma el almidón en azúcar, un proceso artesanal guiado por el tōji (maestro cervecero). No es solo una bebida; es un oficio de más de mil años que preserva una herencia cultural profundamente enraizada, donde cada gota cuenta una historia de esfuerzo y naturaleza.

Un sentido profundo

En la región de Fukushima, el sake ha tomado un significado aún más profundo. La cervecería Akebono destaca con su proyecto “Kizunamai”, un sake que une arroz de las 47 prefecturas de Japón. Creado tras el sismo de 2011, este sake simboliza la unión y la resiliencia. Visitar Fukushima hoy es adentrarse en la belleza de la nieve y conocer fábricas icónicas como Suehiro y su recinto Kaeigura.

Experiencias que despiertan sentidos

Un recorrido por la fábrica Suehiro es un viaje al pasado. Durante el invierno, puedes ser testigo del proceso artesanal bajo la serena nieve de Aizu. Al terminar, el café Kurakissa Kyo te espera para cerrar la experiencia con una degustación única. El sake no se bebe, se estudia y se disfruta, conectando la tradición japonesa con la vibrante mesa mexicana.